A una princesa.
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1
La niña que se creía pez
Había una vez una niña triste, con ojos tristes y hermosos como peces.
Vivía flotando en muchos lugares y, donde quiera que iba, veía peces y lloraba. Lloraba ríos, lluvia, playas, piscinas, duchas, tinas, tobitos, jugo de naranja y espuma de limonada. Una vez lloró burbujas de colores. Desde entonces cuando ve a otros niños. Lloraba el mar... con sus ojos tristes y hermosos como peces.
Lloraba tantas lágrimas, que el océano se borraba de su triste y hermosa cara. Sus lágrimas, tan bonitas, como deditos de ranas, como cactus diminutos, como puntas de naríz. Y todos los peces la miraban, boquiabiertos: la adoraban, la besaban, y ella giraba como bailarina odeando ricitos de trigo. Y los peces se llevaban pedazos de ella. Hasta dejarla sin recuerdos.
"iLa niña ola!", escuchó una vez. Pero incluso ella olvidaba. Y el recuerdo borrado del mar apagaba el sol y la arena, sus pecas de miel, la mermelada de sus cachetitos, las cotufas de su boca antes de explotar, canciones de brisa, bailes de mantequilla, la luna aromática de queso frito, las estrellas de mar de sus bracitos, los caballitos de sus pies, la risa de elfo de sus orejas. Se borraba ella.
Un día, la niña ola olvidó flotar. Nadó, con todas sus fuerzas, queriendo ser pez. Pero el recuerdo borrado del mar apagó su aliento... Y arrastró a sus sueños y a sus rodillas, hacia las piedras. Cerró sus ojos y de sus pestañas estrujadas, saltaron peces. Vio peces, arrojados hacia la orilla, dorándose en la arena, gritándole al mar.
La niña ola no podía recordar. Los peces gritaban: "iTú puedes, tú puedes! iDile, mar, que sí puede! El mar respondió: ?iPor qué me gritan a mí!?
Entonces, los peces, boquiabiertos, le gritaron a la niña que en su cabeza cabía el universo: todas las sumas, todas las restas, todas las fórmulas, los mapas viajeros y los dibujos de todos los niños, todos los pensamientos, todas las emociones. Lloró un poco más, la niña ola, con sus ojos tristes y hermosos, como peces. "No puede...", escuchó ella, con sus orejas borradas. Y lloró un poco más. Entonces ya no pudo respirar...iY recordó!
La niña triste, con ojos tristes y hermosos como peces recordó.
Pero los pensamientos en su cabeza, protestaron. Entonces lloró otra vez. Lloró tantas lágrimas, que el océano entero se borró de su triste y hermosa cara. Y todos los peces la miraban, boquiabiertos.
La niña ola que se creía pez, nadó contra la corriente. Olvidó que mar siempre se acuerda de las olas. Olvidó que ella es el mar divirtiéndose, aunque nadie se acuerde de él. Ella es el mar que se ríe en las orejas borradas, en las olas que se creen peces y en las olas que se creen olas.
12.04.2012
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